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Por Bryan Araujo, estudiante de Lic. en Enfermería (UNQ) y Diplomado en Promoción y Prevención de la Salud, columnista del Instituto Frattasi.

En 1871, unos años después de la epidemia por cólera en nuestro suelo, en lo que en ese momento era la Municipalidad de Buenos Aires, llegó la fiebre amarilla. Una escasa y casi inexistente urbanización sumada a las condiciones insalubres de las calles de ese entonces propiciaron un terreno perfecto para el brote y la diseminación casi instantánea de esta peste.

La falta de información sobre lo que se estaba enfrentando, al igual que en este momento, llevó a tomar las medidas sanitarias más básicas y eficientes en este tipo de situaciones:

AISLAMIENTO SOCIAL Y PROFUNDIZACIÓN DE LA HIGIENE.

Salvando las distancias y las épocas, lo anterior mencionado no es lo único en común. Ciento cincuenta (150) años después se presenta nuevamente una enfermedad de la que se tiene poca información y no solo aparecen medidas similares sino también problemas similares.Teniendo en cuenta que desde la OMS (Organización Mundial de la Salud) el correcto lavado de manos incluye, entre otras cosas, agua corriente (en lo posible caliente) tendríamos al menos un 25% de la población argentina sin poder realizarlo, porcentaje que crecería considerablemente con los agregados de jabón líquido o las toallas de papel descartables para secarse.Nuevamente una pandemia sacó a la luz las vulnerabilidades sociales a nivel infraestructura, político y económico. No resulta muy difícil comparar aquella explosión de contagios de fiebre amarilla con la sucedida por ejemplo en el «Barrio 31» o en Quilmes en «Villa Azul». Tampoco va a resultar difícil comparar las causas de estás dos situaciones.Los sectores populares de la sociedad son los más golpeados por la situación sanitaria actual, y la pasada, y como siempre y al igual que en otras situaciones de crisis salieron a hacer frente. Diciendo presente en los barrios con las ollas populares y comedores o merenderos. En los diferentes centros de aislamientos o como voluntarios en los operativos “Detectar”, “Cuidarnos” o los equipos de contención para personas en el contexto de la pandemia.

Los sectores populares SIEMPRE son los que menos reciben y los que más dan.